Simpatizante

Susan Dunn

KIPP Funder Susan Dunn

Hace más de diez años, mi esposo Tom y yo empezamos a tener cierta capacidad filantrópica que no habíamos previsto. Los dos coincidimos en que la educación es vital; era algo que había sido valioso en nuestras respectivas casas cuando éramos chicos y algo en que habíamos hecho hincapié al criar a nuestros dos hijos. Aun más, yo había estado cerca de la educación toda la vida: di clases en escuela primaria durante cinco años y fui voluntaria durante diez años. Así que nuestra decisión era relativamente fácil: sabíamos que queríamos apoyar la educación y sabíamos que queríamos hacerlo en Newark.

Nuestra hija fue la primera persona que nos habló de KIPP. Ella era estudiante en esa época y, a través de un programa ofrecido por su escuela, fue voluntaria en KIPP TEAM Academy de Nueva Jersey. Ella llegaba a casa y nos hablaba emocionada de sus experiencias y de la escuela; de que ahí estaba sucediendo algo realmente especial. Tom y yo decidimos visitarla. De entrada, observamos que pese a que hay un código de vestuario, no era obligatorio conformarse. De hecho, más bien sucedía lo contrario: a los estudiantes los impulsaban a buscarse y a expresarse a sí mismos; y los profesores reconocían y festejaban a sus estudiantes como individuos y como niños. A Tom y a mí también nos encantó la idea de los viajes de fin de año de KIPP. Los dos crecimos en familias que viajaban y pensamos que era extraordinario que KIPP les ofreciera a sus estudiantes la oportunidad de ganar un viaje a diferentes lugares del país. Cuando vimos todas esas cosas –la meta de hacer que los chicos terminen la universidad, las experiencias que ofrece KIPP dentro y fuera del aula, el reconocimiento de la individualidad– supimos que los valores de KIPP estaban alineados con los nuestros.

Desde entonces hemos estado activos en KIPP. Mi esposo está en la Junta KIPP de Nueva Jersey. Mi hija ya no es voluntaria en KIPP TEAM Academy; ahora trabaja ahí. Este será su sexto año dando clases y su tercero en TEAM. Y yo he sido tutora en escuelas KIPP dos veces por semana desde hace diez años. He visto crecer a los estudiantes. Los he visto ir a escuelas de posgrado y conseguir empleos en grandes firmas de contabilidad; y luego he visto que regresan a enseñar en KIPP. He visto que los estudiantes tienen oportunidades –empleos, viajes, la posibilidad de tomar decisiones– que probablemente no hubieran tenido si no hubieran pasado por KIPP. Tengo la más firme convicción, más firme ahora que hace diez años, de que KIPP está cambiando la trayectoria de vida de sus estudiantes.

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