Ex alumno/a

Nathan Woods

KIPP DC Alumnus Nathan Woods

El primer día de quinto año, entré en KIPP y me recibieron con esta pregunta: “¿Cuándo vas a ir a la universidad?”. Nunca antes lo había oído. Yo sabía lo que era la universidad, por supuesto, pero en mi familia nunca nadie había ido… no pensaba que fuera algo que estuviera a mi alcance. Pero ahí estaba yo, el chico nuevo de la escuela, de diez años de edad, estrechándole la mano a la directora que no solo me decía con mucha confianza que iba a ir a la universidad, sino que me preguntaba cuándo y cómo serían las cosas una vez ahí. Y lo dijo de una manera muy realista, casi como si fuera algo no negociable. Ella me hizo tener fe en que, si yo hacía mi trabajo, llegaría a triunfar. Así que hice mi trabajo. Tres años después, obtuve una beca completa para asistir a Woodberry Forrest, un internado en Virginia.

El internado estaba a dos horas y media de todo lo que yo conocía. A dos horas y media de mis amigos, de mi barrio y de mi mamá. Fue una transición difícil, pero los maestros de KIPP me ayudaron en todo el proceso: me llamaban por teléfono para ver cómo estaba, me daban apoyo, se reunían con mis profesores. Y eso no fue lo único que hicieron por mí. Fue por esa época que perdí a mi hermano a causa de la violencia armada. Cuando sucedió eso… ¿cómo lo puedo decir…? KIPP estuvo presente. Le llevaron comida a mi madre, vinieron y estuvieron en casa, fueron con nosotros al funeral. Recuerden, yo ya estaba en el internado en ese tiempo; ya no era estudiante de KIPP. Pero cuando lo único que quería hacer era rendirme, cuando solo quería gritar “¡Ya no quiero esto!”, fueron los profesores de KIPP los que manejaron dos horas y media para estar a mi lado. Ellos me apoyaron entonces y me siguen apoyando ahora. Lo que hicieron por mí los profesores y asesores de KIPP, lo que siguen haciendo… eso es mucho más que dar clases. Eso es amor.

Yo he visto las cosas que puede hacer la educación. Yo mismo soy un ejemplo de ello. Después de graduarme en la Universidad de Syracuse, rodeado de tanta gente que amo, entré en Teach For America. Después de dos años de dar clases en San Antonio, regresé a casa. Y ahora vivo en mi barrio de siempre. Veo a mi madre todos los días. Y enseño en KIPP DC. Es raro, aleccionador, hermoso, de ensueño estar frente a mis estudiantes todos los días y enseñarles. Que ellos me permitan enseñarles. Este trabajo es muy importante para mí pues sé lo que hay allá afuera. Yo sé lo que enfrentan mis estudiantes. Yo sé a lo que hacen frente cuando salen de este edificio al finalizar cada día.

Es por eso que decidí regresar a casa. KIPP me cambió la vida y yo quiero retribuir eso. Yo quiero ser ese cambio para mis estudiantes. Quiero que vean que es posible salir de este barrio; que si trabajan duro, que si estudian duro, tendrán la oportunidad de explorar, de encontrar su pasión y de hacer cualquier cosa que quieran hacer.

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