Ex alumno/a

Thomaia Pamplin

KIPP Alumna Thomaia Pamplin

Siempre quise trabajar por algo, ¿sabe? Desde que era chica, decía: “No sé que quiero ser cuando crezca, pero sé que quiero ayudar a la gente.”

Siempre tuve el deseo de servir a mi comunidad. Apenas recientemente empecé a canalizar ese deseo hacia una carrera. Ahora estoy en pre-medicina. Fue una decisión difícil. Dentro de cinco años todavía estaré en la universidad y no tendré mucha vida fuera de mis estudios, pero es una de las cosas que más me emociona.

Cuando era chica, mi papá siempre decía que en nuestra comunidad, especialmente la comunidad negra, los que lograban salir de Houston nunca regresaban. Yo quiero trabajar en el campo de la medicina pero, más que nada, me muero de ganas por estar en una situación en la que pueda aportar y participar con mi comunidad tanto como pueda.

Quizá incluso podría ayudar a generar un sentimiento de comunidad más grande que el que había cuando yo era más joven.

Después de ir a KIPP en la secundaria, fui a un internado en Massachusetts y pasaba la mayoría de los veranos lejos de casa. Echaba de menos a Texas. Recuerdo haber visitado KIPP Academy Middle School durante una de mis vacaciones, hablar con mis antiguos profesores, conocer a los nuevos estudiantes, simplemente sentir ese… algo tan especial.

KIPP siempre hizo que nos sintiéramos cuidadas.

KIPP ha seguido desempeñando un gran papel en mi vida. El verano pasado tuve una pasantía con el senador Chris Murphy, gracias al Programa Federal de Pasantías en Políticas, iniciativa que conecta a ex alumnos KIPP con pasantías en el Capitolio y la Casa Blanca, y financia su estancia en Washington DC.

Una mañana, al principio de mi pasantía, estaba trabajando en la sala de correo. Un corresponsal legislativo entró corriendo y nos dijo que viéramos C-SPAN. “¡Nuestro senador está ahí! ¡Y está… está hablando!”

Ese día –el día que habló durante quince horas seguidas sobre control de armas– fue sensacional. Los pasantes corrían a las puertas del piso del Senado, llevando carteles para mostrarle al senador. El teléfono no dejaba de sonar.

Por lo general, yo solo recibía llamadas de ciudadanos del distrito. Pero ese día estuvimos recibiendo llamadas de todo el país.

Y esa noche, cuando habló el senador Cory Booker, yo estaba presente. Vi todo lo que ocurrió desde la galería. Aprendí mucho durante el tiempo que estuve en el Capitolio. No hay mucha gente que sabe que puede tomar el teléfono y hablarle a su senador. Puede hablarle a su representante, pueden programar una reunión.

Al registrar los mensajes de los electores, pasárselos a los asistentes y corresponsales, me di cuenta de que nuestras opiniones sí importan. Sí llegan. En ocasiones quizá no se sienta muy fácil, pero todos estamos… todos estamos conectados.

Compartir esta historia